LA HAZAÑA DE 1810 Y EL ENFRENTAMIENTO CON LOS FRANCESES

Ese día de 1810 los lapezanos, al redoble del tambor, abrieron fuego contra los franceses, como respuesta a la amenaza que significaban estos para La Peza, La respuesta fue una nutria descarga que dejo fuera de combate a 5 locales. Entonces, el alcalde dijo “alto el fuego” al hallarse aún lejos los franceses, prefirieron esperar a que se acercasen más. Puesto que, tenían reservado el cañón de madera para cuando estuviesen más cerca. Y así fue, hallándose los franceses a 20 pasos del cañón este se encendió y estallo; causando tanto daño a franceses como a españoles y sembrando la tierra de cadáveres.

Los franceses, entonces, huyeron ese día al encontrarse con tal resistencia. Sin embargo, los vecinos de La Peza sabían que el asunto no quedaría allí. Y que, regresarían para vengarse y hacerse con sus bienes. Por lo que, decidieron huir y esconderse en la sierra. Cuatro días después, partieron hacia la villa 2.400 hombres pertenecientes al ejército francés, encontraron el pueblo despoblado y abandonado. Tan sólo habían algunas mujeres que bajaron al pueblo en búsqueda de víveres,  un anciano escondido en una choza y un adolescente. Todos, fueron muertos por los invasores. 

Los vecinos de La Peza al enterarse de los hechos acaecidos en su pueblo, gracias a una fugitiva mujer que logró escapar de la iglesia, tomaron las armas y se echaron al camino para volver a combatir al ejército francés. Es cuando se disputa un combate entre los 100 vecinos y los 2.400 franceses. Al verse superados en número los lapezanos se batieron en retirada; con el fin de adentrarse en la sierra a la usanza mora para allí poder tenderles una emboscada a los franceses.

Los franceses cayeron en la trampa y siguieron a los lapezanos dentro de la sierra. El alcalde carbonero fue alcanzado por el enemigo en lo alto del tajo Barruecos, donde se vio acorralo y perdido. Viéndose muerto, saca su bastón y dice a los franceses que lo acorralaban “Yo no me rindo, yo soy la villa de La Peza, que muere antes de entregarse”, y rompiendo el bastón entre sus manos lo arroja a la faz de los franceses y él se precipita detrás, cayendo contra las peñas de un hondo barranco. De esta manera, ni siquiera su cadáver pudo caer en manos del enemigo.

Esta historia está basada en el relato de Pedro Antonio de Alarcón del “Carbonero Alcalde”(1859).

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