HISTORIA

La Peza nos cuenta su historia…

La Peza es un lugar que posee gran valor histórico. Más allá de sus atractivos turísticos y bellezas naturales emblemáticas. A lo largo del tiempo, ha jugado un rol fundamental en los acontecimientos históricos. Ya sea por su posición geográfica, hechos que en ella se han suscitado o por simple destino. La Peza, sin lugar a duda, tiene una historia que contar:

Desde la época romana ha existido La Peza. Lugar ubicado en un tramo y al borde de la calzada que servía de descanso y abastecimiento para soldados y viajeros. Esta calzada unía Granada con Guadix, pasando por distintas zonas y poblados dependiendo de la época del año. Por ejemplo, debido a las heladas, en invierno iba desde los Trancos de la Carrehuela hasta llegar a La Peza. Y desde aquí, transcurría por el valle del río Morollón en su margen derecha. 

Asentada en la falda del Monte Rosado y frente a la cara norte de  la Sierra Nevada, La Peza, fue un antiguo castro romano. Cuyo topónimo procede del término lápice (piedra). Y, en cuyo solar se construyó la fortaleza medieval encargada de custodiar el antiguo camino de Guadix a Granada, por la Sierra de Huétor.

En los años de 1125 y 1126; con la entrada de los almorávides se produce la unificación política en AL- Andalus. Pero, los mozárabes granadinos se sentían oprimidos por los nuevos señores. Así que, escribieron con insistencia al monarca Alfonso I de Aragón, el Batallador, para que los ayudara. A cambio, ofrecían apoyo incondicional para derrotar a los musulmanes. En 1125 Alfonso I, el Batallador, decide marchar sobre Al-Andalus con 4.000 hombres y al llegar a Guadix comienza su lucha contra los musulmanes. Estableció campamentos en Alcázar y Graena. Y, desde allí, hostigó a las poblaciones de esta zona, entre ellas, La Peza. Sin embargo, tuvo que abandonar su causa, pues no encontró todo el apoyo ofrecido por los cristianos.

En 1489, la villa es conquistada por los Reyes Católicos. Era conocida como Labassa. Fue uno de los lugares donde se acordaron las capitulaciones. A través de las cuales, se regulaba la nueva situación de los moriscos en los territorios conquistados. A su vez, se establece como Iglesia Cristiana a la mezquita.

En 1491, durante el mes de noviembre se le concede la tenencia del castillo a Francisco Pérez de Barradas, maestresala de Fernando el Católico y caballero de la Cruz de Santiago. Se le concede debido a la hazaña realizada en Granada, pues con 8 caballos y 2 peones, desbarato a 42 caballeros moros. El valor de la tenencia del castillo era de 60.000 maravedís. Según el Catastro de Ensenada, las murallas del castillo medían cuarenta varas de frente y cuarenta y tres de fondo. Dentro tenía aposentos habitables, un aljibe y dos caballerizas. Las dos torres que cercaban la montaña y una mazmorra por almenzar.

El 19 de Enero de 1494 las justicias mudéjares de La Peza, representando a los vecinos del lugar, firmaron un acuerdo donde se especificaban los derechos que tenían que pagar a Hernando de la Torre, vecino de Guadix, por utilizar de nuevo el baño si éste se comprometía a levantarlo y ponerlo en funcionamiento. Puesto que, estaba destruido y convertido en solar. Recordemos que, los Reyes Católicos ceden el solar del baño a Diego de Ribera, maestresala del obispo de Málaga. Tras la conquista del territorio en 1489, los Reyes negaron derechos y propiedades a los mudéjares. En esta situación se encontraba el baño de La Peza. Por lo tanto, el acuerdo firmado entre el concejo del pueblo y Hernando de la Torre no tenía validez. 

Por ello, el 22 de julio del mismo año, Diego de Ribera llega a un acuerdo con Hernando de la Torre y le traspasa el baño. A cambio, Diego de Ribera y sus herederos recibirían en concepto de renta parte de los tributos que se originaran de rentar los baños durante todo el tiempo que lo tuviera Hernando de la Torre u otro en su nombre. Sin embargo, para 1497, Cristóbal Pancorbo da  en tributo a Fernando Gálvez, vecino de Guadix, los baños de La Peza. La finalidad era que los mejorará y no los empeorará. Si se destrozasen, el nuevo arrendatario los debería reparar a su costa. A cambio, Fernando Gálvez debía pagar a Pancorbo 6.000 maravedís.

En 1500, desde Granada, los Reyes mediante una cédula entregaron a Pedro de Mendoza (antes conocido como Hamete Sillero), vecino de la ciudad de Guadix, dos hornos en La Peza. Una donación que tiene su base en los distintos servicios prestados a la corona. Y, en especial, en premio por haberse convertido al cristianismo. Estos hornos pertenecían a las mezquitas y centros religiosos. El 2 de marzo de 1501, Pedro de Mendoza toma posesión de los dos hornos y ese mismo día los vende a Bartolomé de Mérida, vecino de Guadix. El precio fue de 25.000 maravedís. En 1510, tras la venta de los hornos a Bartolomé de Mérida, la Iglesia los reclama como suyos junto a todos los bienes que habían pertenecido a las antiguas mezquitas. Así que dicho día, Bartolomé de Mérida, ahora alcalde de La Peza, presentó ante el teniente de la justicia de la ciudad de Guadix una carta del rey. En la cual, el rey ordenaba al corregidor de Guadix o su lugar teniente que por parte de Pedro de Mendoza, cristiano convertido, le pedía que como al tiempo que se convirtió se le hizo merced de dos hornos de pan en La Peza que había vendido como cosa suya que eran.

Poco después la iglesia de la villa le puso impedimento en la venta de los hornos diciendo que les pertenecían. El monarca escribe a las justicias para que ampare y defienda a Pedro Hurtado de Mendoza en la posesión de los hornos dados en merced. El teniente gestionó las diligencia oportunas y el 1 de diciembre, el alguacil menor de Guadix da posesión de los hornos a Bartolomé de Mérida.

Después en 1527 el Obispo D. Gaspar de Ávalos y el Dean y Cabildo de Guadix, ponen demanda contra los dueños de los hornos, la esposa e hijo de Bartolomé de Mérida, porque dice que pertenecen a la iglesia al igual que todos los bienes con los que contaban las antiguas mezquitas. En 1528, la sentencia del pleito interpuesto por el Obispo D. Gaspar de Ávalos y el Dean y Cabildo de Guadix a María Ortiz de Matute y su hijo Alonso de Mérida, vecinos de La Peza, fue favorable a la Iglesia, condenado a estos vecinos a devolver los hornos a la iglesia en un plazo de nueve días. El pleito se dio por zanjado el 6 de octubre, y María Ortiz de Matute y Alonso de Mérida tuvieron que restituir los hornos a la iglesia de La Peza.

En 1506 en el reinado de Felipe I El Hermoso, don Iñigo López de Mendoza, tercer Marqués de Mondéjar y capitán General de Granada, “compró” la tenencia de La Peza al comendador Pérez de Barradas. El soberano acepta que la fortaleza pase a su hijo Luis. Vuelto a Castilla, Iñigo de Mendoza confía en que éste respete dicha tenencia, la única que permanece de las dadas por su yerno. Sin embargo, no existe testimonio escrito de la citada transacción. Tendilla pagará 200.000 maravedís por la citada tenencia. Ya en 1509 teme que la falta de testimonio escrito se interprete como que Barradas renunció en su día a la tenencia, quedando esta a libre disposición de la Corona.

El 14 de Agosto de 1515, el rey Fernando El Católico encarga en secreto al alcaide de La Peza, Francisco Pérez de Barradas, la misión de impedir la probable huida del Gran Capitán a Italia. Vigilando la costa andaluza y el paso hacia esta. De esto podemos deducir que el Conde de Tendilla no pudo demostrar que había comprado la tenencia del castillo.

En 1551 El obispo D. Martín de Ayala, visitó la parroquia y ordenó poner en la entrada de la villa una cruz de humilladero en mármol blanco.

En 1554 en el Sínodo de Guadix, se trató sobre los límites parroquiales de La Peza. Se determinó quiénes serían los beneficiados de la iglesia de La Peza, los encargados de decir misa en el cortijo de Diezma y sus comarcanos. En 1561, el Obispo D. Melchor de Vozmediano visita La Peza, en esta ocasión es acompañado del beneficiado de la Iglesia de Santiago de Guadix. El cual, se encarga de traducir el sermón en arábigo, para los cristianos nuevos. Los vecinos de la villa continúan usando el árabe hasta la expulsión de los moriscos.

Para 1567, el obispo D. Melchor de Vozmediano visita por segunda vez la parroquia y se dirige a los cristianos nuevos recordándoles las pragmáticas de su Majestad, sobre el abandono de las costumbres arábigas en el uso del baño, el vestido y la lengua. Aprovecha la ocasión para consagrar unos terrenos destinado a la construcción de una iglesia nueva y en los que ya se estaban empezando a trabajar.

En 1569 el Capitán Bernardino de Villalta, vecino de Guadix, con una compañía de infantería, pidió licencia y gente al conde de Tendilla para ir a la fortaleza de La Peza con la intención de prender Aben Humeya. El Conde de Tendilla le concedió para ello tres compañías de infantería. Sin embargo, Bernardino de Villalta lo que hizo fue entrar en Laroles por el puerto de La Ragua haciendo promesas de paz, aunque por el contrario, saqueó y capturó a las indefensas mujeres moriscas que después vendió como esclavas en el mercado de Guadix. Esta acción hizo que los moriscos de la zona se unieran con mayor fuerza a Aben Humeya. El capitán Bernardino fue castigado por ello. El 23 de Junio Aben Humeya entra a La Peza por el puerto de Espique, acompañado de cinco mil hombres. Persuadió a los vecinos para que se alzasen, unos voluntariamente, otros a la fuerza. A su entrada en la villa, los moriscos incendiaron la iglesia, quedando reducida a escombros. Aunque, la torre se salvó quedando hasta nuestros días, La llamada Carraca. 

Durante los días de Aben Humeya, tuvo lugar la captura de los hijos de D. Cristóbal de Arce, alcaide de la fortaleza. El moro Humeya les persuadió para que renegasen de la Fé de Cristo. Sin embargo, los muchachos, Cristóbal y Andrés de Arce, como cristianos viejos y nobles resistieron a las promesas y amenazas y ofrecieron sus vidas voluntariamente al martirio. 

El 24 de septiembre, el Beato Marcos Criado padeció martirio. Durante tres meses, fray Marcos Criado continuó pastoreando a los cristianos que quedaban en la villa, hasta que en septiembre los moriscos le capturaron. Los moriscos le echaron manos arrojándole en la plaza pública a merced de mujeres y niños que le maltrataron, después de otros tormentos, sufrió el martirio a pedradas, atado a una encina, junto al pueblo de la Peza. Durante los tres días que permaneció allí colgado, rogó a Dios por sus perseguidores y predicó la fe católica. Hasta que, le abrieron el corazón e inmediatamente comenzó a brillar con esplendor admirable, teniendo esculpido el Nombre de Jesús.

En 1571 y en nombre de su Majestad el Rey, se toma posesión real y corporal de hornos y molinos, hazas y viñas, arboledas y huertas, hazas de tierra de riego y de secano. Además, de los prados y pastos valdíos. Y, de todas las otras tierras y heredades que tenían y poseían los moriscos vecinos que pertenecieran a esta villa. Además, de todos los bienes y tierras de la villa hasta sus términos. Desde la piedra del río hasta la hoja del monte.

En 1573, se da la visita a La Peza del Doctor Diego Mesia de Lazarte, Inquisidor Apostólico de la ciudad y Reino de Granada. Muchos ciudadanos fueron llamados a testificar por presuntamente realizar ceremonias de Moros, por asistir a misas sin confesarse y por otras faltas a la fe católica. 

Para 1592 se da una nueva visita de la Inquisición. El Dr. Mesia de Lazarte, en esta ocasión se acusa a Alonso López y a su mujer. Ambos, moriscos y habitantes de La Peza. Nuevamente sucede en 1614 y es llamada a testificar a Ysabel moça.

El 6 de Noviembre de 1631, Don Pedro Tesifón de Moctezuma, Conde de Moctezuma, biznieto del último emperador mejicano; compró la villa de La Peza. Convirtiéndola, posteriormente, en señorío. Desde entonces, pasó a llamarse Monterrosano de La Peza. Según consta en la escritura, D. Pedro Tesifón compró el lugar por un precio estimado a 3.626.000 maravedís, con un total de 200 vecinos y una legua de término. El conde se comprometía a pagar esa cantidad en dos partes.  La mitad en un plazo de tres años y la otra mitad un año después. Al comprar la villa adquiría la jurisdicción civil y criminal, alta, baja, mero mixto imperio, penas de cama y de sangre, mostrencos y demás rentas jurisdiccionales.

En 1632, con la recién llegada del conde y con motivo de las fiestas por la Virgen del Rosario se hicieron fiestas de procesión, comedias y danzas. Además, corrieron toros e hicieron otras fiestas como de costumbre. Sin embargo, los toros aquel año se hicieron aprovechando un solar destinado para la iglesia. A pesar que, los eclesiásticos amonestaron al Conde por ser lugar sagrado y le amenazaron con la excomunión, de igual forma las actividades se realizaron.  Por lo cual, Moctezuma fue excomulgado.

Para el 9 de Diciembre de 1637, el Rey concede al conde la parte de monte de realengo que la Corona decía tener en el término. En respuesta a ello, los vecinos sacaron a relucir el Apeo, en el que estaban comprendidos todos los montes. Y que, demostraba que Felipe II había vendido a los vecinos las propiedades de los moriscos alzados. Muerto el Conde, un año más tarde, seguiría el litigio su esposa, Dª Jerónima Pórrez del Castillo, en nombre de sus hijos menores, Teresa y Diego Luis de Moctezuma. En 1646 el Supremo Consejo de Castilla declaró el uso y aprovechamiento del monte por el común de los vecinos. Aunque, no la propiedad del mismo. 

Por lo tanto, no se podía prohibir a los pobladores el uso y aprovechamiento del lugar. Ya sea para pastar con sus ganados la hierba y consumir la bellota del dicho monte. Además, de poder  cortar y sacar de el la leña verde que hubiere necesidad para los aperos de sus labranzas, fabricas y reparos de sus casas y de sus familias. 

En el año 1664, el Consejo de la Hacienda reclama a D. Diego Luis, segundo conde de Moctezuma, parte de la cantidad por la que su padre había comprado el señorío. O que, en su defecto, demostrase haber pagado el importe establecido en la escritura de venta. El conde se excusó diciendo que no tenía conocimiento de la deuda y que su padre no la mencionaba en el testamento. Como tampoco tenía el justificante de haber efectuado tal pago, suplicó que se le perdonase la deuda. Sin embargo, para 1693, un año después de la muerte de la tercera condesa de Moctezuma, la villa de La Peza pasa de nuevo a la Corona, por impago.

En 1903 se crea la Sociedad de Amigos de la villa de La Peza. Los objetivos de la Sociedad eran “fomentar la ilustración en general, promoviendo el desarrollo de los intereses materiales y morales en la localidad”. Para conseguir estos fines, pretendían la creación de cajas de ahorros, sindicatos agrícolas, escuelas de adultos y de niños. Todo esto, para promover conferencias científicas, estimulando de este modo la actividad intelectual y  recompensando la laboriosidad, la abnegación y el heroísmo. En 1912 Nace el escritor José Fernández de Castro, famoso por sus múltiples y hermosas obras literarias. 

En el año de 1936 Comienza la Guerra Civil, quedando La Peza en el bando republicano. Desde, 1939 a 1952 Se vivió en España el fenómeno de los Maquis, guerrilleros contrarios al régimen que se refugiaban en las sierras y montes. La Peza fue lugar de origen y de paso de algunas cuadrillas de maquis.

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